Casa Atilio, tradicional ferretería y pinturería, con más de 30 años en la zona

 

El comercio, localizado en Villa Bosch, inició sus actividades un 1º de enero, vendiendo productos de los mismos rubros que ofrece hasta el día de hoy: ferretería, pinturería, sanitarios y electricidad.

En la actualidad, Casa Atilio posee un local central (ubicado en Santos Vega 6781, Villa Bosch) y cinco sucursales ubicadas en las localidades de Caseros (Av. San Martín 1151), Hurlingham (Julio A. Roca 748 y Av. Vergara 3923), Pablo Podestá (Av. Pte. Perón 9699) y Villa Bosch (El Payador 5296).

La casa central de la firma posee 400 metros cuadrados, distribuidos en un gran salón de ventas, oficinas y depósitos de mercadería.

Al trabajo de los empleados de la empresa, se suma el de su fundador Enrique Venanzoni, su hermano Hugo Bruno Venanzoni, sus tres hijos y su padre.

Sin embargo, Casa Atilio "empezó de abajo": cuando se inició tenía un sólo local, de 80 metros cuadrados de superficie, pagaba alquiler y no podía contar con el apoyo de ningún empleado.

Enrique Venanzoni comenzó a trabajar a los ochos años, de sodero. A los 12 ya estaba adentro de una ferretería y el 31 de agosto de 1964 ingresó al comercio de Atilio Torricelli.

"El negocio quedaba enfrente, en Santos Vega 6700. Allí yo era vendedor. Ocasionalmente hacía las veces de encargdao: cuando el señor Atilio se iba de vacaciones, dejaba el negocio a mi cargo y yo hacía las cosas lo mejor posible. Pero en 1973 -yo ya tenía 10 años trabajando con él-, el señor Atiliio resolvió dejar el negocio, dedicarse a otras actividades menos absorbentes y disfrutar un poco más de lo que había construido. En ese momento me ofreció continuarlo: me dio amplias facilidades para que yo lo comprara. Por entonces no existía la palabra indexación pero me ofreció algo parecido: cuando yo podía pagar, por ejemplo, 10 latas de pintura, averiguábamos el precio del momento -entonces los precios aumentaban frecuentemente- y le abonaba ese valor", recuerda el titular de la firma.

Lentamente, a base de trabajo y sacrificio, Enrique Venanzoni logró ir pagando sus deudas. Una vez que terminó de pagar el dinero que debía pudo empezar a ahorrar y en 1977 adquirió un baldío de 240 metros cuadrados, frente al local original.

Allí fue construyendo "desde cero" el gran salón de ventas y demás dependencias que hoy constituyen la casa central. En el ํnterin, en 1978, se incorporó a la sociedad, como socio, el hermano del fundador. Y finalmente, el 18 de enero de 1982, es decir, pocos años después de haber comenzado, tuvo lugar la mudanza a las instalaciones propias.

Tres años más tarde se abrió la primera sucursal y en 1994 la segunda. Sin embargo Venanzoni puntualiza que la expansión no responde a un incremento de las ganancias sino a la necesidad de delinear estrategias que permitan superar las dificultades. "Desde que estoy en el negocio, puedo asegurar que este es el momento más difícil. Los gastos fijos son muy grandes, los márgenes de comercialización son muy chicos y hay mucha competencia en los precios, especialmente debido a los supermercados y grandes cadenas. Las fábricas de pintura buscan centralizar sus ventas en los comercios que tienen más respaldo, y en consecuencia, para conseguir un precio competitivo hay que comprar una gran cantidad de litros. Por este motivo es que abrir sucursales fue parte de una política destinada a mantenernos. Hoy, dentro de este rubro, quien logra mantenerse ya debe estar satisfecho", finaliza diciendo el presidente de Casa Atilio.

 
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